Cuento escrito por Melvin Brown (Futbolista Profesional)
Esta historia se desarrolla en un poblado de la selva amazónica que casi nadie conoce; en donde además de cazar, cosechar y comer, los habitantes juegan al fútbol.
No se sabe a ciencia cierta como llego ahí tan bello deporte; está muy adentrado en la selva, no hay luz, televisión o comunicación alguna con el mundo exterior; así que los abuelos no vieron a Didí, Zagalo o Pelé, ni los papás vieron a Zico, Sócrates o Dirceu, y los mas jóvenes tampoco han oído de Ronaldo, Ronaldinho o de Kaká levantando la copa en los mundiales, demostrando que su país es el campeón por excelencia y el que mejor lo ha jugado toda la vida. Nadie de esta aldea ha salido al mundo exterior y regresado para traer algo relacionado con el mundo y mucho menos con el fútbol, esto es un gran misterio. Yo llegué como misionero y pude ver todo esto; no daba crédito a lo que en las tardes veía en este lugar donde apenas está llegando el Dios cristiano.
A las 6 pm, todos los días comienza el juego entre las familias; las reglas son muy similares a las del Futbol profesional, solo que no existe saque inicial, se avienta el balón y el más poderoso, o el más habilidoso, se hace de él y empieza la fiesta de este día, de acuerdo a lo que me dijeron, esta tradición nació hace mas de 100 años; siempre son los mismos equipos, las mismas familias y los mismos colores, renovando a los integrantes cada cierto tiempo. Todos están preparados de manera casi profesional.
Se pueden ver jugadores de todo tipo: desde el gordito comelón pero con mucha movilidad, hasta el más atlético, fuerte de tanto trabajo, con un físico que muchos futbolistas europeos envidiarían; también se pueden ver algunos niños jugando entre los adultos, acto que los convierte en personas de respeto dentro de la comunidad. El muy buen nivel de juego se debe en gran parte a que desde muy pequeños juegan entre los mayores, esforzándose por ser cada vez mejor; y finalmente están los grandes, hombres maduros de poco más de 50 años que por increíble que parezca son fuertes como un roble además de hábiles pese a su edad; ellos conocen casi todos los trucos del fútbol, los engaños y las gambetas que han desarrollado a lo largo de sus años. Todos ellos luchan por ser los líderes de los equipos, ya que esto le traerá ciertos privilegios. Es como una religión, no es un simple juego o algo recreativo, y no se habla de dinero o propiedades, solo del hecho de ser reconocido como el mejor jugador del fútbol en esa generación, y la inmortalidad en las conversaciones de futuras generaciones cuando ya no se encuentren en este mundo, sino jugando con sus ancestros en el cielo, en su cielo. Eso sí, todos desde pequeños son adiestrados en la caza, la defensa personal, la agricultura y en el futbol, porque la tradición debe continuar.
Una vez iniciado el juego en un campo con poco pasto, sin zapatos especiales para jugar, empiezan las jugadas vistosas pero también las entradas bruscas, aquí no se andan con pequeñeces, ya que todos buscan ser el mejor con el balón. Pero hay que defender para hacerse de él y demostrar la habilidad adquirida después de tantos años de juegos. Los adultos que parecen ser los líderes por ningún motivo se dejan burlar, en todo momento demuestran con jerarquía porqué son los capitanes. De pronto aparece un joven con ambición que logra burlar a un líder; es el inicio de una prometedora carrera hacia la fama. Se ven gambetas que las firmaría Ronaldinho, la potencia de Ronaldo en un veterano capitán, la visión de Kaká en un pequeño niño, la garra de Lucio al defender y la definición excelsa y matemática de Romario en otro joven. Esto es imposible, ¿cómo lo hacen? No sé, pero estoy extasiado de ver cosa tan bella, estoy como drogado, ¡Esto no es posible!, en ningún mundial se podría ver esto, es increíblemente mágico, ¡Estamos en la selva!, lejos de los reflectores y las cámaras, donde los chamanes te dan el poder para vencer, donde las empresas multinacionales no son dueñas del balón, y todos pueden jugar sin la necesidad de un promotor; aquí no necesitas nada, sólo practicar desde que se deja de ser bebé; es algo que ves que todo el mundo hace, todos los días lo palpas y lo respiras, primero soñando como un simple aficionado, y finalmente cuando llega la oportunidad, demostrando la hombría en cada pelota que te toca disputar. Soñar y jugar con todo tu ser.
Todo el pueblo lo disfruta: hombres, mujeres, ancianos y niños; desde el más rico, hasta el más humilde, todos juntos degustan de su platillo futbolero, observan admirando a sus padres, hijos, esposos, hermanos, e ídolos.
Es una hermosa utopía, ¡Como me hubiera gustado nacer aquí!, ver a mi padre siendo el mejor, y yo, con la única obligación de ocupar algún día su lugar, de crecer buscando mi propio estilo, no el que me imponen los entrenadores; jugar con todo cuando tenga el balón en mis pies, haciendo magia, desapareciéndolo y metiendo un bonito gol, gritarlo como ellos saben hacerlo. Son unos artesanos, danzantes de fútbol, los rockstars de su pequeño mundo. ¿Qué más puedo pedir? Lo tengo todo aquí: tranquilidad, un hogar, y antes de cenar, un partido de futbol que de antemano sé que se comentará por siempre.
Si hay algo que me gustaría ver sería que algunos jugadores de este lugar salgan al mundo (como los cubanos), a demostrar que esto es más que un juego que te da dinero, que hay que respetarlo cada día que permanezcamos en este mundo, ya que no todos tenemos la oportunidad de jugar todos los días este deporte…el fútbol.
¿Qué más puedo pedir? lo tengo todo aquí: tranquilidad, un hogar, y antes de cenar, un partido de fútbol que de antemano sé que se comentará por siempre.
domingo, 20 de septiembre de 2009
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